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Tipos de masaje: guía para elegir el tuyo en Las Terrenas

Por Evy Spa · 6 jul de 2026 · 5 min de lectura
Tipos de masaje: guía para elegir el tuyo en Las Terrenas

Llegaste ayer de un vuelo largo. Dormiste mal en el avión, cargaste maletas, y esta mañana, con los pies ya en la arena, notas que el cuello no acompaña. Abres la carta de un spa y aparece la lista: relajante, descontracturante, sueco, deportivo, piedras calientes, drenaje linfático… Todos suenan bien. Ninguno te dice cuál es el tuyo. Esta guía existe para eso: entender los tipos de masaje no por su nombre, sino por la situación en la que estás. Porque llevamos años viendo a gente elegir el masaje equivocado por puro azar —pedir presión fuerte cuando lo que necesitaba era dormir, o pedir "el relajante" cuando venía con un nudo en el hombro que pedía trabajo de verdad— y salir pensando "estuvo bien, pero no era esto".

Tipos de masaje: lo que de verdad cambia entre uno y otro

Quitando los nombres, casi todos los masajes se mueven en dos ejes: cuánta presión aplica el terapeuta y dónde la concentra. Un masaje relajante es presión suave repartida por todo el cuerpo; un descontracturante es presión firme concentrada donde está el problema. Todo lo demás —el ritmo, los aceites, el calor de las piedras— son variaciones sobre esos dos ejes.

Eso significa que la pregunta correcta no es "¿qué masaje es mejor?" sino "¿qué necesita mi cuerpo hoy?". Y eso cambia. La misma persona puede necesitar un descontracturante en enero y un relajante en julio. Por eso, en lugar de una lista, aquí van las situaciones que vemos entrar por la puerta cada semana.

"Acabo de llegar y estoy hecho polvo"

El clásico del recién aterrizado: vuelo nocturno, cuello torcido, la cabeza todavía en modo aeropuerto. Aquí no busques trabajo profundo; tu cuerpo lo que pide es bajar revoluciones. El masaje relajante —heredero directo del masaje sueco, si te gustan los nombres técnicos— es presión suave, ritmo lento y sin sobresaltos. Es también la mejor puerta de entrada si nunca te han dado un masaje: no duele, no sorprende, y sales flotando.

¿La variante de lujo? El masaje de piedras calientes: el calor del basalto ablanda el músculo antes de que las manos lleguen, y la relajación es un escalón más profunda. Merece la pena cuando quieres que el masaje sea el plan del día, no un trámite entre dos excursiones.

"Llevo semanas (o meses) cargando tensión"

Otro perfil que reconocemos al instante: entra con los hombros a la altura de las orejas y, cuando le preguntamos dónde acumula tensión, se ríe. Trabajo de escritorio, estrés acumulado, esa contractura entre los omóplatos que ya tiene nombre propio. Aquí un masaje suave se queda corto: se siente bien mientras dura, pero el nudo sigue ahí al día siguiente.

Lo que necesitas es un masaje descontracturante: presión firme, trabajo localizado, y sí, algún momento de "molestia que alivia" sobre el punto exacto. O su primo cercano, el masaje terapéutico, que es menos una técnica y más un enfoque: el terapeuta evalúa cómo estás y adapta presión y maniobras a lo que encuentra.

El trade-off honesto: estos masajes son menos "placenteros" en el momento que un relajante. A cambio, el efecto dura más. Si tienes el tiempo (y el presupuesto) para una sola sesión y arrastras tensión real, elige este; si lo que quieres es una hora de desconexión pura, elige el otro. No hay respuesta incorrecta, pero sí expectativas equivocadas.

"Me muevo mucho y el cuerpo pasa factura"

Las Terrenas invita a moverse: surf en Playa Bonita, la caminata al Salto El Limón, kitesurf cuando sopla el viento. Y al tercer día, los cuádriceps opinan. El masaje deportivo está pensado exactamente para esto: trabajar la musculatura que más usaste, ayudar a la recuperación y dejarte listo para el siguiente plan. No hace falta ser atleta; hace falta haber usado el cuerpo más de lo habitual.

"Siento las piernas pesadas"

Calor tropical, muchas horas de pie o de vuelo, y esa sensación de piernas hinchadas que conocen bien tanto los viajeros como quienes viven aquí. Para esto no sirve la presión fuerte: el drenaje linfático trabaja con movimientos muy suaves y rítmicos que ayudan a aliviar la retención de líquidos. Es el masaje que más desconcierta a quien espera "manos fuertes" —la presión es mínima a propósito— y el que más agradecen las piernas después de un vuelo transatlántico.

Los que quizás hayas oído y no verás en nuestra carta

El mundo del masaje es enorme: el shiatsu japonés trabaja con presión de dedos sobre puntos concretos; el masaje tailandés incorpora estiramientos asistidos que parecen yoga en pareja; hay tradiciones ayurvédicas, balinesas, lomi lomi… No todas forman parte de lo que hacemos, y preferimos decirlo claro antes que ofrecer de todo a medias. Nuestra carta se concentra en los masajes que mejor encajan con un día de spa junto a la playa, hechos bien, con aceites naturales de mango, almendra y rosa mosqueta.

Y una honestidad más, que repetimos siempre porque importa: cualquier masaje de spa es una experiencia de bienestar, no un tratamiento médico. Si tienes una lesión, un dolor agudo o una condición de salud, consúltalo primero con un profesional sanitario — y cuéntanoslo al reservar, para adaptar la sesión o recomendarte esperar.

Si sigues dudando entre dos

Pasa constantemente, y hay dos salidas elegantes. La primera: muchos masajes se combinan en la práctica. Una sesión puede empezar relajante y dedicar los últimos veinte minutos a esa zona cargada; basta con decírselo al terapeuta al principio (o a mitad de sesión — de verdad, no molesta, ayuda). La segunda: pregunta. Escríbenos por WhatsApp contándonos cómo estás —"vuelo largo, cuello fatal, nunca me han dado un masaje"— y te decimos cuál encaja, sin venderte el más caro. En la carta completa de masajes en Las Terrenas tienes todas las modalidades con su descripción, y en la página de precios las duraciones y tarifas al día.

Elegir bien no es ciencia: es escuchar qué pide el cuerpo hoy. Y si hoy pide simplemente una hora en silencio con las manos adecuadas, eso también es una elección perfectamente seria. Cuando lo tengas claro —o precisamente porque no lo tienes—, un mensaje por WhatsApp y te guardamos la hora.

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